De como me fui
No tendría que haber parado, ni de leer, ni de escribir. Igual, lo hice. Paré de leer y de escribir al mismo tiempo. Que un pájaro dejó de mover sus alas, y, se vino al suelo. Estalló como un globo o una piñata, y los pendejos se reían... Paré y, el sol se hizo picana. La tortura duró mas de tres años. A la tortura, la comandaba ella. Ligerita de cascos, como es menester de chica que se precie y enfundada en razones nada probables; establecía su derecho a roces. Todo, en un cumulo de expertas maniobras de cubrir sus pasos.
Así, fue, mi entierro.
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