Viruela
Yo tengo
tambien
(a)
un séquito de seguidores y adoratricez
que livianos de cuerpos y de ropas
me olfatean
desde las visperas de ceremonias
hasta las altas horas de la noche
dónde esparcen semillas en las inmediaciones
de un lago sagrado
de aguas fatuas
coronado por un altar de flores muertas y hojas de acanto
y semi-moribundos niños abandonados y
charquitos de sangre rancia
de donde chupan las damas mas sedientas
apoyadas por no decir violadas con lasciva saña
por eunúcos rubios con palos-falos en sus manitas
mientran cantan sermones acompasados y
todos a la joda estan invitados!
por supuesto.
Ünico requicito:
dejar las imbéciles morales
bajo el arco que da La entrada al acto sublime
del que seremos partícipes necesarios
y del que saldremos magullados
sino muertos y rodeados
de secreciones
alucinados y perplejos por lo que pudimos hacer
y que nos hagan
enardecidos
casi ciegos.
¿hay viejos?
¿Son los viejos hombres?
se preguntaba la escritorcilla francesa
en su monolíco-totémico ensayo "La vejez"
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