VISITAS
Lerma, intempestivamente, oyó, con brutal lucidez a su corazón.
En otro tiempo, en otra vida, había estado acongojado y entre mocoso, lloraba,
la ida, de un ser querido. Ya no
en su niñez, ni con aquel golpe, sino,
con la certeza de su final. Se detuvo,
frenó en la esquina mirando la nada,
el punto fijo que iba a dejar, y
al unísono. En conjunto,
su cuerpo y su mente se estremecieron.
Todavía se lo puede visitar, caído,
cerca del cordón.
FIN.
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